Blog de aula de José Juan Clemente, profesor de Geografía e Historia del IES Profesor Ángel Ysern de Navalcarnero (Madrid). Este curso estará especialmente dedicado a las materias siguientes: Geografía e Historia de 3º de ESO e Historia de España de 2º de Bachillerato. Además mantiene los contenidos de las otras materias de esta especialidad: Ciencias Sociales de 1º, 2º y 4º de ESO, Historia del Mundo Contemporáneo, Historia del Arte y Geografía de España. Para contactar: derevolutionibus.geohistoria@gmail.com

lunes, 6 de octubre de 2014

ACTIVIDADES SOBRE EL LIBRO "EL SOL NO SE DETIENE". PREHISTORIA SOCIALES 1º ESO


LEE CON ATENCIÓN PARA RESPONDER A LAS PREGUNTAS QUE APARECEN AL FINAL DEL TEXTO:

“Dilgo escuchó con atención. Allí estaba otra vez ese sonido desconocido, todavía muy alejado y tenue, pero lo suficientemente claro; un sonido que de al­guna manera recordaba el aullido de un lobo y, sin embargo, era distinto. Desde hacía algún tiempo au­mentaban en el bosque las señales que le indicaban que se encontraba en el territorio de los desconoci­dos. Y ahora, encima, ese extraño sonido.
Si era un animal que pudiera tener algún parecido con un lobo, había que tener cuidado. Quizá tuviera buen olfato y lo descubriera por muy hábil y cautelo­samente que se acercara. Se chupó un dedo y lo levantó. Sólo corría un ligero viento del sur. Ojala bastara eso.
Con cautela se acercó por el norte al lugar de don­de provenía el sonido. La atención que ponía le pro­ducía una gran tensión. Tenía mucho cuidado de no pisar ninguna rama caída, de no hacer el mínimo rui­do. Cada vez se hacía más difícil permanecer a cu­bierto, pues el bosque era mucho más claro. Ade­más hacía rato que había descubierto el porqué: el poco monte bajo que quedaba, presentaba una y otra vez evidentes huellas de haber sido utilizado como pasto.
Dilgo movió la cabeza sin poderlo comprender. En esa zona del bosque había demasiados animales que tenían que buscarse el alimento en un espacio demasiado reducido. Pero por qué, eso no podía ex­plicárselo; igual que tampoco sabía qué tipo de ani­males eran. Las huellas, en cualquier caso, no pare­cían ser de venado.
¿Qué era eso? Se acercó sigilosamente un poco más mientras le latía el corazón. Entonces se quedó pas­mado detrás de un árbol fundiéndose con su entor­no. Había visto el primer animal, y se le acercaba despacio. Otros le seguían.
¡Qué animales más curiosos! A simple vista en la penumbra podían parecer uros, pero vistos más de cerca eran completamente distintos. Demasiado pe­queños para ser uros y con un pelaje demasiado cor­to y liso. Sin embargo, eran vacas, sin duda, y ese — Dilgo contuvo la respiración — toro. ¡Vaya toro! Su pelaje no era negro y peludo como el de un uro, sino rojizo y corto como el de las vacas. Aún había otra cosa que le llamaba más la atención. Le fal­taba todo lo que caracterizaba a un uro: su fuerza incontenible, su energía insospechada, su furia tan a flor de piel, toda su divinidad.
Dilgo despertó sobresaltado de su asombro al vol­ver a oír aquel sonido, esa vez muy cerca. Entre las extrañas vacas que estaban pastando, apareció ex­halado una especie de lobo, pero las vacas ni se in­mutaron. Detrás del animal corría un chico gritando:
— ¡Wolco! ¡Wolco, ven aquí!
Entonces el animal se dio la vuelta, fue hacia el chi­co, se le sentó delante sobre las patas traseras, gol­peó vehemente el suelo con la cola y volvió a emitir ese singular ladrido. El chico se arrodilló, abrazó al animal y le acarició el rostro contra su cabeza. ¡Y el animal permanecía completamente quieto!
Luego empezó el chico a hablar con el animal:
— Qué perro tan obediente, Wolco, bonito. Pero no ladres tanto, sabes, que molestas a las vacas mien­tras pastan. Tienen que comer mucho para que en­gorden y den buena leche y carne cuando llegue la matanza. ¡Venga, sé bueno y no ladres!
Como respuesta el animal le lamió al chico la cara.
A Dilgo le daba todo vueltas en la cabeza: uros, que no eran uros. Lobos, que no eran lobos, que no eran libres y orgullosos, sino que obedecían a un mucha­cho. ¡Animales que no esquivaban el contacto con los hombres, sino que evidentemente lo buscaban! ¿Cómo era eso posible?
Todavía permaneció mucho rato escondido detrás del árbol mirando. Vio a los dos hombres, uno de los cuales aún era muy joven, y observó cómo recogían a una vaca que se había alejado de las demás. Vio cómo una vaca que tenía un ternerito se dejaba or­deñar con toda tranquilidad por uno de los hombres.
Finalmente Dilgo se retiró al bosque en silencio. No quería ver más. Tenía que meditar. Se sentó sobre un tronco caído y se apretó los puños contra la fren­te. [….]
Dilgo se levantó y volvió a caminar en sigilo por el bosque. Más al este había oído algo que le resulta­ba igualmente singular. Un sonido agudo, como un extraño berrido. Tenía que dar con él. [….]
Y entonces pudo ver ésos animales. Tenían aproxi­madamente el tamaño de un corzo, pero eran más corpulentos, con pelaje largo, barba y cuernos vuel­tos. Roían la corteza de las ramas y de los troncos delgados, se comían los cogollos y brotes de los ar­bustos ¡No era de extrañar que el bosque estuviera tan destruido por ahí! Y esos animales tampoco iban solos por el bosque, sino que los cuidaban un hom­bre y un animal al que el chico antes había llamado perro.
Poco a poco Dilgo iba comprendiendo sin poderse creer todavía lo que estaba viendo. No podían ser animales libres si permanecían cerca de los hom­bres; eran animales que los hombres habían hecho dependientes y los cuidaban. ¿De dónde venían esos animales? ¿Cómo los habían acostumbrado a ellos los hombres? ¿Y por qué se tomaba tantas molestias esa gente? ¿Por qué no preferían cazar cuando tuvieran ganas de comer carne?
El sol no se detiene, G. Beyerlein y H. Lorenz. Editorial Bruño




Trabaja el texto:
Dilgo, un joven cazador nómada, se prepara para la difícil «prueba de madurez», que consiste en sobrevivir solo en el bosque de luna llena a luna llena, enfrentándose a una serie de peligros de los que pocos salen airosos. Durante esta prueba, lejos de los suyos, encuentra otro poblado, con unas costumbres totalmente distintas a las suyas.


1  – ¿A qué especie de homínidos pertenece Dilgo? ¿Y los que practican la nueva forma de vida? Razona tu respuesta.

2 – Haz una lista de todos los animales que menciona el protagonista. De todos ellos, ¿Cuáles son salvajes y cuáles domésticos?

3 – ¿Qué habilidades tenia Dilgo? Intenta imaginártelo y descríbelo.

4 – Contesta a las preguntas del último párrafo del texto.

5 – ¿De que época de la historia es protagonista Dilgo? Haz una lista con todos los cambios que se produjeron en esa época para llegar a la nueva etapa.


FUENTE: http://fomentolecturaespinillo.blogspot.com.es/2010/03/el-sol-no-se-detiene-g-beyerlein-y-h.html

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