Para repasar la Hª de España (la que conocéis y la que nunca habéis estudiado) voy a poner una serie de vídeos muy breves de arteHistoria que resumen cada periodo histórico.
Blog de aula de José Juan Clemente, director y profesor de Geografía e Historia del IES Profesor Ángel Ysern de Navalcarnero (Madrid). Este curso estará especialmente dedicado a la materia de Geografía de 2º de Bachillerato y a la materia de proyecto de Trabajos de Investigación de 4º ESO. Además mantiene los contenidos de las otras materias de esta especialidad: Ciencias Sociales de 1º, 2º, 3º y 4º de ESO, Historia del Mundo Contemporáneo, Geografía de España e Historia del Arte. Para contactar: derevolutionibus.geohistoria@gmail.com
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jueves, 30 de noviembre de 2023
lunes, 14 de septiembre de 2015
VÍDEO, LAS ETAPAS DE LA HISTORIA. ESQUEMA RESUMEN DE LA HISTORIA UNIVERSAL
Este vídeo nos muestra la división de la Historia en distintas etapas caracterizadas por unos acontecimientos concretos, a modo de esquema-resumen de la Historia Universal.
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domingo, 26 de octubre de 2014
HISTORIA DE AMÉRICA, 1 LA PREHISTORIA, LOS PRIMEROS AMERICANOS
EL ORIGEN DEL HOMBRE AMERICANO
Actualmente la comunidad científica establece que los primeros hombres alcanzaron el continente americano hace uno 40.000 años mediante migraciones desde Asia a través del estrecho de Bering. Sin embargo algunas teorías establecen contactos a través del océano Pacífico por pueblos de origen polinesio, posible para la tecnología de la época pero bastante improbable para organizar una colonización a gran escala.
| Mapa con las teorías sobre la procedencia de los primeros hombres americanos (40.000 b.p.) |
Los primeros americanos comenzaron a dispersarse por toda América a partir de Alaska. Se han encontrado yacimientos arqueológicos en Texas datados en torno al 36.000 a.C. y en Nicaragua en el 35.000 a. C.
LOS PUEBLOS NÓMADAS, CAZADORES-RECOLECTORES
Los primeros hombres llegaron a América en el Paleolítico superior y su tecnología consistía en la fabricación de utensilios de piedra tallada y de hueso. Esto no les permitía cazar grandes animales que sólo eran capturados cuando sufrían algún accidente, quedaban atrapados en el fango, en los pantanos, etc. Cuando se advierte un cambio tecnológico en la mejora de la fabricación de útiles, les permite a algunos grupos cazar grandes presas y desplazarse continuamente en su busca, a otros especializarse en la recolección de plantas y frutos, a algunos dedicarse a la caza de pequeños mamíferos e incluso a los próximos al mar convertirse en pescadores. Hacia el 7000 a.C. termina este período por el brusco cambio climático que aumenta la temperatura y disminuye las lluvias. Hacia el 6000 a.C. comienzan las experiencias que llevarán al comienzo de la agricultura, aunque todavía persiste la economía cazadora-recolectora.
Vídeo "El poblamiento de América", ArteHistoria
LOS PUEBLOS SEDENTARIOS, LA DOMESTICACIÓN DE PLANTAS Y ANIMALES
En América del Norte y Mesoamérica, los vesitigios más antiguos de actividad agrícola se han encontrado en Nuevo México (4.000 a.C.) y en Tamaulipas (3.000 a.C.) respectivamente. Las más importantes variedades vegetales desarrolladas fueron la yuca, la batata, el maíz y el frijol. La existencia del maíz en estado salvaje se conoce en México al menos desde el pleistoceno. Desde México, el maíz pasó a América del Sur; en Perú se lo encuentra entre el 900 y el 700 a.C. En los Andes se domesticó la quinua (un grano muy rico en proteínas e hidratos de carbono), la papa, la calabaza y algunas legumbres como el pallar y el frijol.
Los pueblos andinos, especialmente los que habitaban en zonas superiores a los 3.000 metros de altitud, siguieron cazando huanacos, alpacas y llamas, tal como lo habían hecho en el pasado. Tras la domesticación de estas dos últimas especies, fueron utilizadas como medios de transporte y para la obtnción de lana.
En el resto del continente, la domesticación de animales afectó fundamentalmente a especies mucho más pequeñas (perrro, pavos y otras aves de corral), en vez de a grandes mamíferos (vacas, caballos, ovejas, cerdos, etc.) como había ocurrido en el Viejo Mundo. Estos animales no existian en América en esa época, siendo llevados posteriormente por los conquistadores europeos. Los hallazgos arqueológicos permiten afirmar que en América existieron caballos y otros grandes mamíferos, pero que se extinguieron muchos siglos antes del surgimiento de las grandes civilizaciones.
A mediados del tercer milenio, aquellos grupos que más habían desarrollado la domesticación de plantas y animales aumentaton su sedentarización. Algunos siglos más tarde aparecieron las primeras aldeas, que posteriormente se transformaron en asentamientos urbanos, como Chilca y Chavín, en el Perú; Tlalco en el valle de México o San José Mogote, en Oaxaca. También en esa época surgió la cerámica, cuyo uso sólo se generalizó varios siglos más tarde, y se desarrolló el tejido, especialmente el de algodón.
Bibliografía: VV.AA. (2000) Historia de América. Madrid: Editorial Universitas.
ARTÍCULOS RELACIONADOS:
TEORÍAS Y EVIDENCIAS DEL POBLAMIENTO AMERICANO.
Objeto Digital de Enseñanza Aprendizaje orientado a apoyar el aprendizaje esperado de reconocer las principales rutas de poblamiento americano. Pulsa sobre la imagen para acceder al recurso.
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lunes, 6 de octubre de 2014
ACTIVIDADES SOBRE EL LIBRO "EL SOL NO SE DETIENE". PREHISTORIA SOCIALES 1º ESO
“Dilgo escuchó con atención. Allí estaba otra vez ese sonido
desconocido, todavía muy alejado y tenue, pero lo suficientemente claro;
un sonido que de alguna manera recordaba el aullido de un lobo y, sin
embargo, era distinto. Desde hacía algún tiempo aumentaban en el bosque
las señales que le indicaban que se encontraba en el territorio de los
desconocidos. Y ahora, encima, ese extraño sonido.
Si era un animal que pudiera tener algún parecido con un lobo, había que tener cuidado. Quizá tuviera buen olfato y lo descubriera por muy hábil y cautelosamente que se acercara. Se chupó un dedo y lo levantó. Sólo corría un ligero viento del sur. Ojala bastara eso.
Con cautela se acercó por el norte al lugar de donde provenía el sonido. La atención que ponía le producía una gran tensión. Tenía mucho cuidado de no pisar ninguna rama caída, de no hacer el mínimo ruido. Cada vez se hacía más difícil permanecer a cubierto, pues el bosque era mucho más claro. Además hacía rato que había descubierto el porqué: el poco monte bajo que quedaba, presentaba una y otra vez evidentes huellas de haber sido utilizado como pasto.
Dilgo movió la cabeza sin poderlo comprender. En esa zona del bosque había demasiados animales que tenían que buscarse el alimento en un espacio demasiado reducido. Pero por qué, eso no podía explicárselo; igual que tampoco sabía qué tipo de animales eran. Las huellas, en cualquier caso, no parecían ser de venado.
¿Qué era eso? Se acercó sigilosamente un poco más mientras le latía el corazón. Entonces se quedó pasmado detrás de un árbol fundiéndose con su entorno. Había visto el primer animal, y se le acercaba despacio. Otros le seguían.
¡Qué animales más curiosos! A simple vista en la penumbra podían parecer uros, pero vistos más de cerca eran completamente distintos. Demasiado pequeños para ser uros y con un pelaje demasiado corto y liso. Sin embargo, eran vacas, sin duda, y ese — Dilgo contuvo la respiración — toro. ¡Vaya toro! Su pelaje no era negro y peludo como el de un uro, sino rojizo y corto como el de las vacas. Aún había otra cosa que le llamaba más la atención. Le faltaba todo lo que caracterizaba a un uro: su fuerza incontenible, su energía insospechada, su furia tan a flor de piel, toda su divinidad.
Dilgo despertó sobresaltado de su asombro al volver a oír aquel sonido, esa vez muy cerca. Entre las extrañas vacas que estaban pastando, apareció exhalado una especie de lobo, pero las vacas ni se inmutaron. Detrás del animal corría un chico gritando:
— ¡Wolco! ¡Wolco, ven aquí!
Entonces el animal se dio la vuelta, fue hacia el chico, se le sentó delante sobre las patas traseras, golpeó vehemente el suelo con la cola y volvió a emitir ese singular ladrido. El chico se arrodilló, abrazó al animal y le acarició el rostro contra su cabeza. ¡Y el animal permanecía completamente quieto!
Luego empezó el chico a hablar con el animal:
— Qué perro tan obediente, Wolco, bonito. Pero no ladres tanto, sabes, que molestas a las vacas mientras pastan. Tienen que comer mucho para que engorden y den buena leche y carne cuando llegue la matanza. ¡Venga, sé bueno y no ladres!
Como respuesta el animal le lamió al chico la cara.
A Dilgo le daba todo vueltas en la cabeza: uros, que no eran uros. Lobos, que no eran lobos, que no eran libres y orgullosos, sino que obedecían a un muchacho. ¡Animales que no esquivaban el contacto con los hombres, sino que evidentemente lo buscaban! ¿Cómo era eso posible?
Todavía permaneció mucho rato escondido detrás del árbol mirando. Vio a los dos hombres, uno de los cuales aún era muy joven, y observó cómo recogían a una vaca que se había alejado de las demás. Vio cómo una vaca que tenía un ternerito se dejaba ordeñar con toda tranquilidad por uno de los hombres.
Finalmente Dilgo se retiró al bosque en silencio. No quería ver más. Tenía que meditar. Se sentó sobre un tronco caído y se apretó los puños contra la frente. [….]
Dilgo se levantó y volvió a caminar en sigilo por el bosque. Más al este había oído algo que le resultaba igualmente singular. Un sonido agudo, como un extraño berrido. Tenía que dar con él. [….]
Y entonces pudo ver ésos animales. Tenían aproximadamente el tamaño de un corzo, pero eran más corpulentos, con pelaje largo, barba y cuernos vueltos. Roían la corteza de las ramas y de los troncos delgados, se comían los cogollos y brotes de los arbustos ¡No era de extrañar que el bosque estuviera tan destruido por ahí! Y esos animales tampoco iban solos por el bosque, sino que los cuidaban un hombre y un animal al que el chico antes había llamado perro.
Poco a poco Dilgo iba comprendiendo sin poderse creer todavía lo que estaba viendo. No podían ser animales libres si permanecían cerca de los hombres; eran animales que los hombres habían hecho dependientes y los cuidaban. ¿De dónde venían esos animales? ¿Cómo los habían acostumbrado a ellos los hombres? ¿Y por qué se tomaba tantas molestias esa gente? ¿Por qué no preferían cazar cuando tuvieran ganas de comer carne?
Si era un animal que pudiera tener algún parecido con un lobo, había que tener cuidado. Quizá tuviera buen olfato y lo descubriera por muy hábil y cautelosamente que se acercara. Se chupó un dedo y lo levantó. Sólo corría un ligero viento del sur. Ojala bastara eso.
Con cautela se acercó por el norte al lugar de donde provenía el sonido. La atención que ponía le producía una gran tensión. Tenía mucho cuidado de no pisar ninguna rama caída, de no hacer el mínimo ruido. Cada vez se hacía más difícil permanecer a cubierto, pues el bosque era mucho más claro. Además hacía rato que había descubierto el porqué: el poco monte bajo que quedaba, presentaba una y otra vez evidentes huellas de haber sido utilizado como pasto.
Dilgo movió la cabeza sin poderlo comprender. En esa zona del bosque había demasiados animales que tenían que buscarse el alimento en un espacio demasiado reducido. Pero por qué, eso no podía explicárselo; igual que tampoco sabía qué tipo de animales eran. Las huellas, en cualquier caso, no parecían ser de venado.
¿Qué era eso? Se acercó sigilosamente un poco más mientras le latía el corazón. Entonces se quedó pasmado detrás de un árbol fundiéndose con su entorno. Había visto el primer animal, y se le acercaba despacio. Otros le seguían.
¡Qué animales más curiosos! A simple vista en la penumbra podían parecer uros, pero vistos más de cerca eran completamente distintos. Demasiado pequeños para ser uros y con un pelaje demasiado corto y liso. Sin embargo, eran vacas, sin duda, y ese — Dilgo contuvo la respiración — toro. ¡Vaya toro! Su pelaje no era negro y peludo como el de un uro, sino rojizo y corto como el de las vacas. Aún había otra cosa que le llamaba más la atención. Le faltaba todo lo que caracterizaba a un uro: su fuerza incontenible, su energía insospechada, su furia tan a flor de piel, toda su divinidad.
Dilgo despertó sobresaltado de su asombro al volver a oír aquel sonido, esa vez muy cerca. Entre las extrañas vacas que estaban pastando, apareció exhalado una especie de lobo, pero las vacas ni se inmutaron. Detrás del animal corría un chico gritando:
— ¡Wolco! ¡Wolco, ven aquí!
Entonces el animal se dio la vuelta, fue hacia el chico, se le sentó delante sobre las patas traseras, golpeó vehemente el suelo con la cola y volvió a emitir ese singular ladrido. El chico se arrodilló, abrazó al animal y le acarició el rostro contra su cabeza. ¡Y el animal permanecía completamente quieto!
Luego empezó el chico a hablar con el animal:
— Qué perro tan obediente, Wolco, bonito. Pero no ladres tanto, sabes, que molestas a las vacas mientras pastan. Tienen que comer mucho para que engorden y den buena leche y carne cuando llegue la matanza. ¡Venga, sé bueno y no ladres!
Como respuesta el animal le lamió al chico la cara.
A Dilgo le daba todo vueltas en la cabeza: uros, que no eran uros. Lobos, que no eran lobos, que no eran libres y orgullosos, sino que obedecían a un muchacho. ¡Animales que no esquivaban el contacto con los hombres, sino que evidentemente lo buscaban! ¿Cómo era eso posible?
Todavía permaneció mucho rato escondido detrás del árbol mirando. Vio a los dos hombres, uno de los cuales aún era muy joven, y observó cómo recogían a una vaca que se había alejado de las demás. Vio cómo una vaca que tenía un ternerito se dejaba ordeñar con toda tranquilidad por uno de los hombres.
Finalmente Dilgo se retiró al bosque en silencio. No quería ver más. Tenía que meditar. Se sentó sobre un tronco caído y se apretó los puños contra la frente. [….]
Dilgo se levantó y volvió a caminar en sigilo por el bosque. Más al este había oído algo que le resultaba igualmente singular. Un sonido agudo, como un extraño berrido. Tenía que dar con él. [….]
Y entonces pudo ver ésos animales. Tenían aproximadamente el tamaño de un corzo, pero eran más corpulentos, con pelaje largo, barba y cuernos vueltos. Roían la corteza de las ramas y de los troncos delgados, se comían los cogollos y brotes de los arbustos ¡No era de extrañar que el bosque estuviera tan destruido por ahí! Y esos animales tampoco iban solos por el bosque, sino que los cuidaban un hombre y un animal al que el chico antes había llamado perro.
Poco a poco Dilgo iba comprendiendo sin poderse creer todavía lo que estaba viendo. No podían ser animales libres si permanecían cerca de los hombres; eran animales que los hombres habían hecho dependientes y los cuidaban. ¿De dónde venían esos animales? ¿Cómo los habían acostumbrado a ellos los hombres? ¿Y por qué se tomaba tantas molestias esa gente? ¿Por qué no preferían cazar cuando tuvieran ganas de comer carne?
El sol no se detiene, G. Beyerlein y H. Lorenz. Editorial Bruño
Trabaja el texto:
Dilgo, un joven cazador nómada, se prepara para la difícil «prueba de madurez», que consiste en sobrevivir solo en el bosque de luna llena a luna llena, enfrentándose a una serie de peligros de los que pocos salen airosos. Durante esta prueba, lejos de los suyos, encuentra otro poblado, con unas costumbres totalmente distintas a las suyas.
1 – ¿A qué especie de homínidos pertenece Dilgo? ¿Y los que practican la nueva forma de vida? Razona tu respuesta.
2 – Haz una lista de todos los animales que menciona el protagonista. De todos ellos, ¿Cuáles son salvajes y cuáles domésticos?
3 – ¿Qué habilidades tenia Dilgo? Intenta imaginártelo y descríbelo.
4 – Contesta a las preguntas del último párrafo del texto.
5 – ¿De que época de la historia es protagonista Dilgo? Haz una lista con todos los cambios que se produjeron en esa época para llegar a la nueva etapa.
FUENTE: http://fomentolecturaespinillo.blogspot.com.es/2010/03/el-sol-no-se-detiene-g-beyerlein-y-h.html
jueves, 18 de septiembre de 2014
lunes, 15 de septiembre de 2014
APRENDER JUGANDO SOBRE LA PREHISTORIA CON ACTIVIDADES MULTIMEDIA (JCLIC) Y CON UN JUEGO DE PREGUNTAS Y RESPUESTAS.
Puedes aprender más sobre la Prehistoria realizando las actividades multimedia elaboradas con el programa JClic por el profesor Manuel Payán Cortés del IES Dolmen de Soto (Huelva).
Para visualizarlas bien necesitas tener JAVA instalado en tu ordenador.
Puedes acceder directamente al sitio web donde está alojada la actividad pulsando en el enlace siguiente.
También puedes aprender jugando con el siguiente test de preguntas sobre la Prehistoria:
Puedes ajustar el tamaño de tu pantalla pulsando las teclas Ctrl+ para ampliar y Ctrl- para reducir.
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martes, 8 de julio de 2014
EL SOL NO SE DETIENE, lectura recomendada para el tema de LA PREHISTORIA en CIENCIAS SOCIALES 1º ESO
ARGUMENTO
Novela ambientada en la época histórica del Neolítico. Dilgo, un joven cazador nómada, se prepara para la difícil «prueba de madurez», que consiste en sobrevivir solo en el bosque de luna llena a luna llena, enfrentándose a una serie de peligros de los que pocos salen airosos. Durante esta prueba, lejos de los suyos, encuentra a Mirtani, una muchacha de otro poblado, con unas costumbres totalmente distintas a las suyas.
Los autores, con todo lujo de detalles, nos embarcan en un fantástico viaje por el valle del Danubio y nos piden que retrocedamos en el tiempo nada menos que siete mil años. Pese a esta lejanía. descubriremos que las personas no somos tan diferentes.
INCLUYE UN TALLER DE LECTURA
Análisis de los distintos ambientes tratados en la novela: un pueblo cazador frente a un pueblo agricultor y ganadero, el bosque, el río, los lobos, los alimentos, las herramientas y utensilios, y las viviendas. Valoración crítica sobre el progreso
VALORES
La obra tiene interés como documento histórico, ya que amplía los conocimientos sobre la prehistoria, comparando y diferenciando el paleolítico del neolítico de una manera amena e interesante. Hay que destacar también sus grandes logros lingüísticos, ecológicos y humanos.
lunes, 9 de julio de 2012
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